ADVERTENCIA

(Al comienzo de cada tertulia se lee una reseña escrita por uno de los tertulianos/as. Estas reseñas no son, pues, la opinión de la Tertulia o sus conclusiones finales sobre el libro; deben ser consideradas como la lectura atenta y meditada de uno de sus miembros, que sirve de inicio del debate)



viernes, 21 de enero de 2011

¨Los girasoles ciegos" de Alberto Méndez



Los girasoles ciegos puede considerarse como una novela corta constituida por cuatro episodios relacionados entre sí a través de ciertos personajes que aparecen en más de uno de ellos, y sobre todo a través del leiv motiv principal que recorre todos y cada uno de los cuatro cuentos: la derrota. No creo que sea, como han dicho algunos, un libro sobre la memoria, más bien me parece una reflexión perturbadora sobre la Derrota a través de unos personajes derrotados. Todos y cada uno de ellos son carne de fracaso. Todos sufren. Todos tienen miedo. Todos están solos, o encarcelados o rodeados por ambientes claustrofóbicos, todos se sienten amenazados. La Amenaza sería otro leiv motiv recurrente en toda la novela, y la Muerte, que acecha a casi todos los personajes en cada cuento. Varios de ellos quieren morir, y todos acaban muriendo. En todo caso, la novela entera desprende una sensación absoluta de falta de esperanza.
Para conseguir este efecto, el autor opta por un estilo muy retórico, con un ritmo muy trabajado y una sonoridad preciosa, abundante en metáforas, muy simbólico, con un vocabulario muy rico y gran cantidad de descripciones físicas muy potentes de muchos de sus personajes (Era albino y grueso, cualidades éstas que suelen ser contradictorias pero que en este caso coincidían para dar al teniente Alonso cierto aspecto de muñeco de nieve), y también de paisajes y de olores. En cuanto a la voz, utiliza el recurso de intercalar en una voz narradora que se expresa en tercera persona del singular o en primera del plural (en el primer cuento), fragmentos de cartas, de actas de juicio sumarísimo, de manuscrito apócrifo. En cada uno de los relatos el estilo se adapta a cada protagonista para hacerlo más creíble. Aunque no es precisamente credibilidad lo que parece que el autor quiere imprimir a sus personajes; el lenguaje lírico en que se expresan todos y cada uno de ellos en situaciones tan desesperadas como las que atraviesan, sólo tiene cabida en un texto que no busca la credibilidad ni la objetividad sino la belleza y la emoción del lector. No es objetividad tampoco lo que desprende ninguno de las historias, en las que todos los vencidos sin excepción son hombres y mujeres honestos, heroicos, decentes e inteligentes que se comportan con dignidad en medio de su sufrimiento; mientras que los vencedores son en algunos casos meros arquetipos de malo de película. Véase por ejemplo al hermano Salvador, que está caracterizado de una manera casi caricaturesca. En general, creo que existe una cierta tendencia al maniqueísmo en la caracterización de los personajes, aunque ésta resulta eficaz.
La primera derrota o “Si el corazón pensara dejaría de vivir” es la que más me ha gustado. “Le permitió ver los perfiles de una ciudad apagada que la luna dibujaba a su pesar. Madrid se agazapaba”. En este relato se consigue retratar a un personaje complejo, explicar perfectamente las motivaciones que le llevan a realizar una acción aparentemente absurda, y a la vez reflejar con imágenes muy bellas el final de la resistencia de una ciudad sitiada y vencida. Nos habla del absurdo de resistir. Del absurdo de morir y del absurdo de matar. De lo absurdo de cualquier guerra. “Soy un rendido”, repite el capitán Alegría a todo aquél que quiera escucharle. Pero nadie le cree ni confía en él. “¿Qué es un vencido por un vencido?” se pregunta cuando es encarcelado por los derrotados a los que se entrega voluntariamente. Las razones por las que se rinde las expresa muy claramente en más de una ocasión: “No queríamos ganar la guerra, queríamos matarlos”.
“Hemos dado crédito sin embargo a vagos recuerdos de frases susurradas durante ensueños angustiosos que también tienen cabida en el horror de la verdad, aunque no sean ciertos”, dice la voz narradora en primera persona del plural para relatarnos el deambular enajenado del muerto andante que fue el capitán Alegría desde su fusilamiento frustrado en Arganda del Rey hasta su suicidio anunciado en una cárcel franquista. Creo que éste es el relato más conseguido de los cuatro, por sus poderosas escenas, porque su protagonista es el personaje más trabajado en su caracterización y más rico en matices, y porque es capaz de transmitir determinados conceptos de una forma sutil, haciendo que sean consecuencia de lo narrado y sin dar la sensación de mensaje panfletario que puede dar en algún momento el resto de los cuentos.
La segunda derrota, o Manuscrito encontrado en el olvido, es la mejor de las cuatro historias en lo que a potencia narrativa se refiere, por su fuerza y su capacidad para conmover al lector. “Infame turba de nocturnas aves”, escribió el desgraciado padre-poeta casi niño cuando estaba a punto de morir. La descripción del paisaje nevado, del silencio y la soledad de las brañas donde logra sobrevivir el protagonista con su hijo durante unos meses me parece lo más logrado del cuento. El lenguaje en el que se expresa el protagonista, pura prosa poética, sólo puede entenderse teniendo en cuenta que Eulalio Ceballos, el “rapsoda entre las balas”, era un adolescente poeta en ciernes.
La última frase de la voz narrativa, el editor del manuscrito “Si fue él el autor de este cuaderno, lo escribió cuando tenía dieciocho años, y creo que ésa no es edad para tanto sufrimiento” cierra brillantemente el cuento.
En la tercera derrota o El idioma de los muertos, el tono es algo más descriptivo que en los demás relatos, reservando el lenguaje más lírico para la carta de Juan Senra a su hermano. Algunas de las descripciones físicas de los personajes son muy eficaces, y en mi opinión son lo mejor del cuento. Creo que existen demasiados personajes secundarios apenas esbozados, sin entidad suficiente, que entorpecen en algunos momentos el seguimiento de la historia: Espoz y Mina, Cruz Salido, Carlos Alegría, Eduardo López. Destacan con fuerza propia los personajes de Eugenio Paz, muy bien trazado aunque algo tópico, y sobre todo la esposa del juez Eymar y madre de Miguel Eymar, que es para mí el más logrado del relato.
Cuarta derrota: Los girasoles ciegos. Es el cuento más largo de todos y el que da título al libro. Consigue crear una atmósfera opresiva que refleja muy bien el ambiente de la época. En cierto sentido podría considerarse un relato de tinte costumbrista. Combina acertadamente tres voces narrativas: la del hermano Salvador, que se dirige por carta a su superior eclesiástico en un intento de explicarse a sí mismo lo que le ha ocurrido y de perdonarse por ello, pero sin llegar a reconocer en ningún momento su culpa; la de Lorenzo adulto intentando recordar los sentimientos y sensaciones que experimentó durante aquel periodo de su niñez que lógicamente le marcó para toda su vida, y una voz en tercera persona que va ligando las otras dos.
La historia también es muy emotiva y consigue calar hondo en el ánimo del lector. Pero es la que más peca de ese cierto maniqueísmo al retratar a los personajes al que me he referido con anterioridad. Aún así, es un excelente cuento que contribuye muy dignamente a la brillantez del conjunto.
Isabel O.

domingo, 9 de enero de 2011

"El corazón es un cazador solitario" de Carson McCullers


EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLITARIO.

Las manos y los labios hablan. Los ojos miran las palabras.

Final de los años 30, en el sur de Estados Unidos. Una ciudad pequeña, con diversa gente que trabaja y que ama. Dos hombres sordomudos han estado viviendo juntos durante diez años. Uno de ellos gesticula noche tras noche sus pensamientos con las manos, el otro los recibe con sonrisa idiotizada. Cuando se llevan a éste a una residencia, el mudo que habla queda sólo y se cambia de casa. En su nueva habitación ya no puede expresarse, pero una serie de personajes vienen a contarle sus inquietudes:

Una chica, casi una niña, siente música en su interior, pero está creciendo demasiado rápido. Al final le tocará trabajar para ayudar en la miseria de su familia? ¿Dónde quedará su anhelo de música y nieve?. Un borracho que ?sabe? y que piensa que todos deben saber: por eso habla y habla y se empeña en denunciar lo injusto de la miseria y de la explotación del hombre por el hombre. Un médico negro, casi anciano, cuyo ?firme propósito? de dignidad para la raza negra le ha mantenido toda su vida; pero los jóvenes a los que intenta mostrar el camino, incluidos sus cuatro hijos, se empeñan en seguir otros. Todos ellos son motivo de intriga y de afecto para el cuarto visitante, el dueño del bar. El hombre torpe que pretende dar y encontrar la solución al enigma, sin éxito.

Todos ellos convergen en la habitación del sordomudo. Le hablan. Los ojos miran las palabras. Los labios hablan, las manos quedan quietas. La expresión anhela ser comprendida. La sonrisa muda del interlocutor parece ser serena y sabia. Se busca mostrar, enseñar, compartir, comprender. La comprensión sería sabiduría, pero no es de verdad. Desencuentro, rechazo. Violentas disputas.

Agosto de 1939, el sordo receptor de todos los pensamientos decide suicidarse, ante la muerte de su amigo sordomudo, su único amigo. Todos los demás no bastan, los demás nunca han sabido nada de él. Solo han visto su sonrisa y han decidido considerarla comprensiva, inventando su forma de ser.

Anonadados por el suicidio del hombre que les escuchó siendo sordo, los cuatro personajes siguen sus caminos divergentes. Seguirán cazando, cada uno tras su propia presa, en solitario. Quizá pueda haber alguna esperanza para el hombre que ?sabe?, al menos sigue caminando. El médico, si vive, es posible que encuentre paz en la granja. Tal vez la chica, ya mujer, encuentre hueco para sus sueños entre la miseria que la amenaza.

El dueño del bar queda solo y aterrado. Apela a la sensatez para afrontar tranquilamente el nuevo día, a pesar de que la mirada más amplia de su ojo derecho se dirige a un ?futuro de negrura, error y ruina?.


Marián

sábado, 18 de diciembre de 2010

“Spleen de París. Pequeños poemas en prosa” Charles Baudelaire

Un epílogo y cincuenta visiones de París que se descoyuntan a modo de serpientes rabiosas encerradas en una canasta. Para visualizarlas, prescindir de articulaciones se hace necesario. Hay que transformarse en una especie de gusano ebrio y, a la vez, mantener la lucidez en lo oscuro del día que nos alumbra. Sobrio...
La recién nacida prosa poética encierra un misterio a desvelar, albergo una esperanza.
Baudelaire invita a ver el mundo que le rodea a través de sus ojos escrutadores, su mirada insatisfecha gradualmente aumenta en profundidad y turbación camino de un fondo que se hace infinito. Y allí, donde se empieza a vislumbrar la humanidad más inhumana, persiste con su mirada aún sabiendo que el hombre que busca no existe...
Empecé a leer de espaldas a la luz y me fui girando hacia ella con cada relato; a medio camino para seguirle necesité un catalejo - hay miradas que alcanzan ese infinito sin necesidad de artilugios, la mía no- y seguí viendo, después de atravesar todos los planos-andamiajes que conforman y sostienen la vida: alamedas, burdeles, circos, imprentas, palacios, catedrales, al desalmado que llamamos hombre en todas sus categorías
Rodeado de sordos, ciegos, mudos e insensatos, solo le queda poblar la soledad de lo bello que roba con los sentidos. En el vivir que vive nada es sincero. El Tiempo con mayúscula va en contra de la redención del hombre. El hombre, él, no es más que un despojo harapiento, pero honra a quién sin dejar de serlo, al menos, lo admite. El viejo es silencio, el niño llanto y el joven se pierde en pos de una quimera. Nacer no merece la pena, ni aunque te dote el hada menos despistada. Quizá, si se es bandido... o cortesana. Quizá si te dejan estar solo.
Cuando terminé de leer, salí de sus ojos y refugié los míos en el cielo azul un rato largo para que fuesen desprendiéndose de lo esplénico, de la bilis que entonces creían rezumaba el bazo y hoy fluye a mi retina a modo de melancolía, fue cuando creí acercarme al misterio. Había desvestido al hombre en cada poema de cada piel con la que se disfraza hasta ver lo peor del hombre -el misterio. Una conciencia despellejada que contemplé con los ojos desnudos.“¡Camina, asno! ¡Suda esclavo!¡Vive pues, maldito!”
¿Por qué la vida y para qué sirve? -parece preguntar.
Preguntémonos, sin interjecciones y embriaguémonos antes, de vino, poesía o virtud si es preciso, para dar respuesta o para acallar el alma.
Apagué el libro y antes de dormir recité esta oración:
“¡Oh, Patrón de los malditos!, por venerar a la santa prostitución y ver prostitución en todo lo que ves; enemigo del tedio, partícipe del láudano, del alcohol y de todo lo prohibido; centro de la desolación y de lo mísero. Ojo que habla. Rabioso crítico del proceder humano en lo presente y germen en lo postrero... pero sobre todas estas cosas... bendito tú eres entre todos los poetas y líbranos de tu sifilítico mal por los siglos de los siglos. Espleén, digo, amén”

Epílogo:
- ¿Qué amas pues, intrigante extranjera?
- Amo las nubes... las nubes que pasan... allá en lo alto... allá... ¡las maravillosas nubes!
y... albergo una esperanza.

Mamen

RELATOS DE JUAN RULFO (1918-1986)

Es la mirada lo que impresiona en estos relatos, el lenguaje, puro sustantivo, no hay intención de matizar, los adjetivos sólo precisan, distancias, magnitud.

MACARIO

El relato en primera persona y en presente, es una cosmogonía, el universo entero del niño-hombre, hacia dentro y hacia fuera, sin énfasis, vemos sus límites físicos y espirituales, y la rueda de personas y bichos que lo rodea y lo utiliza, para el trabajo y el placer, para la diversión, un esclavo atado, el destino del bobo del pueblo. Pero el bobo ve, recuerda y conoce la emoción de la compañía, de la piel, la leche de Felipa, más dulce que esa extraña flor con nombre de monumento.

EL LLANO EN LLAMAS

Hay pueblos que cuentan entre sus oficios tradicionales con el de la guerra, es un oficio, se vive de él y en él.

La partida de Pedro Zamora se mete en la Revolución, la que van a pagar los ricos, hay que acopiar para la lucha, robar ganado y mantenerse, robar muchachas. Los hombres se han tirado al llano y ya no pueden vivir en un oficio de paz. La crueldad es parte de ese entrenamiento, como la sevicia del juego del torito. Casi más que a los hombres se ve el aire, la tierra, el grito que rebota por las barrancas, el olor de la sombra recalentada por el sol. Es una epopeya, pero no tiene historia, el tiempo se para y se repite. Así, el Pichón reconoce a su hijo por la mirada de maldad, “Algo de eso tenía que haber sacado del padre”

PASO DEL NORTE
El hambre y la desesperación que te lleva a cruzar la frontera a riesgo de morir con la balacera en mitad del río. Y nadie tiene piedad de nadie. El padre no le enseñó el oficio al hijo, por temor a la competencia, pura miseria. Y el hombre que empieza a andar ya no se queda parado, si no es a buscar trabajo, es a buscar a la mujer, de nombre profético, Tránsito, tampoco ahí se va a parar.

EL HOMBRE
Otro oficio ancestral, la caza, la víctima y el perseguidor que sigue su rastro. La venganza da fuerza y decisión. Y el hombre rastrea lúcido, reconoce, interpreta, las huellas que va dejando el perseguido y sabe de su ansia, de su desesperación. Tiene los ojos a ras de tierra y un peso que los demás reconocerán, está lastrado por el remordimiento y pierde perspectiva, demasiado cerca de la tierra. El cazador otea y anticipa sus movimientos, que no avanzan, el río lo hace volver. Como epílogo, el borreguero, testigo a punto de ser encausado. La venganza es mala, pero la ley no es buena para los pobres.

ANACLETO MORONES
Aquí sí avanza la narración y tenemos planteamiento nudo y desenlace. Y un coro de mujeres de negro, primero amenazantes para pasar luego a la súplica. La estrategia de Lucas Lucatero que parece tan simple es eficaz, el remedo de anfitrión que las ahoga en agua de arrayán y consigue que vayan desfilando de una en una, domestica a la última, que le ayuda a colocar las piedras de la tumba, “no me gusta ver pedregoso mi corral”.

Pero el burlador, burlado, Francisca tiene un as en la manga, o en el alma.

“El Niño Anacleto. Él sí que sabía hacer el amor.”

marga

LA VIDA DE PORFIRIO DE GAZA de Marco el Diácono

El narrador, Marco del diácono, llamémosle secretario personal de Porfirio de Gaza, toma nota de todo lo que acaece en la vida de Porfirio; lo escribe con sencillez y fidelidad, salvo algunos detalles, en los que los especialistas en la antigüedad creen ver intervenciones posteriores, escritas por otra mano diferente a la de Marco.
Este texto supone una fuente escrita del desarrollo de la cristiandad, “manu militari”, en época del emperador romano, Arcadio, desde finales del siglo IV, a comienzos del V.
El texto nos ofrece a la vista la realidad de una población eminentemente pagana, así como las maniobras de Porfirio- obispo de la ciudad - para extender el cristianismo en el lugar. Para ello apela al emperador romano Arcadio, pidiéndole que destruya los templos paganos que había en la ciudad. Sin embargo, el templo más importante de la ciudad queda en pie. Esto resulta intolerable para Porfirio. Además el emplazamiento de ese templo es el que él deseaba para su iglesia. Porfirio no duda entonces en acudir de nuevo a la corte. Esta vez si consigue destruir el templo. Su triunfo sobre el paganismo parece total. El absoluto convencimiento de poseer la verdadera fe y de que el paganismo es obra del diablo, son razones suficientes para que el “fin” de la extensión de la creencia en Cristo justifique cualquier “medio”, incluidos, la mentira, la violencia y el recurso al poder represivo del emperador – “Dar al César lo que es del César, para que el César nos dé lo que le pedimos” – Es la propia voz del narrador, en su ingenua sinceridad de fanático, la que nos permite ver, más allá de las continuas loas a Porfirio y a su dios, este violento proceso de cristianización y erradicación de las creencias y costumbres paganas de la ciudad de Gaza.
Marco del diácono elabora una obra sencilla de leer, entretenida y que posee los elementos de una buena narración: intriga, acción, misterio, … y muy pegada al terreno. Los caminos de la verdad son inescrutables

Elo

"DESGRACIA IMPEORABLE" PETER HANDKE

DESGRACIA IMPEORABLE (PETER HANDKE)

Flaubert lee en el periódico la noticia del suicidio de la mujer de un médico rural,de ahí nace "Madame Bovary";Tolstoi lee en el periódico la noticia del suicidio de una mujer de la alta sociedad moscovita,de ahí nace "Anna Karenina".El relato de Handke,quién sabe si por alusión consciente a estos referentes literarios o no,se inicia con la noticia en el periódico del suicidio de una mujer,su propia madre.
Un escritor del siglo XIX cree en la capacidad de la literatura pararepresentar el mundo y su vrealidad,un siglo después el escritor ya no mantiene esta creencia.Si por añadidura el material literario loconstituyen la propia madre y su suicidio,la conciencia de la dificultad de la representación se hace al tiempo determinante y perntoria, una vez sobrevenida loa mudez y perdida la expresi.on verbal de la palabra.
Parece entonces quedar sólo su formulación en escritura,y en definitiva se tratará no tanto dereproducir en palabras la vida,y la muerte,como deformularla en modo y especie de literatura,planteámdose no ya el acceso a la verdad de las cosas sino el acecho y acoso de esta verdad para intentar siquiera delimitar su terreno de juego y emplazarla en él.
Al final se diría que todo desemboca y se resume en lo que el autor llega a calificar de ley de la Naturaleza :el"horror vacui"de la conciencia que en cuanto percibido por ésta hace caer en la cuenta de que no hay nada que representar y de que cualquier representación cae por sí misma pues en el vacío no más se sostiene.Sin embargo ,y aun cuando el autor conduzca a tal conclusión al lector,éste por su parte puede concluir que tampoco ha asistido a un ejercicio de estéril funambulismo y que ,al menos y a falta de otra cosa,ha sido testigo de un conjuro que para él y ante él ha tenido lugar,el de una mujer muerta por suicidio
convocada a encarnarse en la palabra de un texto a través del cual se nos da noticia de ella,de su vida y de su incapacidad última para soportarla,así como del autor mismo,su hijo.
Sabemos de éste su desazón,teñida quizá de un difuso sentimiento de culpa, su impotencia para conferir un orden y un sentido a lo sucedido,no obstante lo vemos empeñado en la tarea de conferirle en cualquir caso esa formulación en escritura que significa para él un imperativo,casi una condena,y a la par la única vía de liberación posible,o siquiera de su intento.Según él mismo nos dice :"intentando una aproximación con las formulaciones más adecuadas posibles,esta descripción consigue su pequeño placer,un placer que se produce por una beatitud del miedo y del recuerdo".Quede para el autor ésto,incluso aunque otro no hubiera,como fruto de su labor.
Para el lector,más allá de reflexiones y tomas de conciencia sobre los límites y virtualidades de la literatura,queda en fin la conciencia,sí,de esa presencia convocada,la de una mujer digamos del común que decide darse muerte.Encuadrada en una época y lugar concretos,la época de entreguerras,del nazismo y de la II Guerra Mundial,la posguerra y el desarrollismo económico,el lugar del entorno rural de la Carintia,lo que llamaríamos la Austria profunda,con un breve intervalo transcurrido en el Berlín todavía en ruinas y por reconstruir,tenemos así tiempo y escenario.
De la mujer no llega el lector a conocer su nombre,lo que sí llega a saber es de su vivacidad sofocada por los usos y costumbres de una sociedad de corte católico y tradicional,también de sus errores e inconsciencias,de su reclamación tanto de una dignidad de vez en cuando afirmada cuanto de una felicidad por definición inalcanzable.Esta mujer,en cuya intimidad anímica apenas irrumpe el autor,un ama de casa de condición humilde,malcasada,con dos abortos autoprovocados y con tres hijos,el mayor de los cuales no lo es de su marido,al cabo vendrá a desconectarsec de la vida y de su transcurrir en un proceso progresivo de extrañamiento de la realidad y de sí misma hasta desembocar en la decisión definitiva de renuncia y ausencia que supone la muerte a sí misma inflingida en la edad de sus cincuenta y un años.
El resto es silencio,atroz silencio,que su hijo primogénito,el escritor,se ha visto compelido a vestir de escritura.

Luis Enrique

"SIEMPRE SOMOS DEMASIADO BUENOS CON LAS MUJERES" de RAYMOND QUENEAU

Irlanda al fondo y el enemigo inglés.
Dos bandos.
Las palabras hace tiempo que sólo sirven para las consignas:
¡Dios salve al rey!
¡Por la justicia!
1916.
Por un lado, un grupo de revolucionarios irlandeses (parte de una insurrección) que ocupan al asalto una oficina de correos. Están dispuestos a morir llevándose por delante a quien haga falta. Por el otro, la respuesta inglesa con su despliegue de fuerza, cañonero incluido.
La violencia indiscriminada como única salida, en el juego violento de los hombres.
Ante esta repetitiva y cruel contradicción inhumana, el autor decide trastocar la lógica de esta sinrazón y hacernos reír a lo largo del libro.
La realidad será asumida por una de las gracias que posee la esencia del ser humano: el follamiento consentido.
Gracia que será concedida a los 7 irlandeses como un trozo de paraíso en su tránsito a la muerte. Porque en esta estafeta de la venganza, aparecerá una mujer.
Ella, que como vislumbra el sastre revolucionario a las puertas del wáter, surgirá como la Ninfa-Virgen Afrodita de entre las aguas.
Tras el primer encuentro entre los jóvenes irlandeses y la guapa inglesa se charla, y, al comprender que hay poco de que hablar pero sí ganas de conocerse más, secuestradores y rehén, ¡sin forzar!, dejarán paso a los sentidos; y en este intercambio de fluidos entre ambos bandos, compartirán la vida y con ella sus enseñanzas:
 No hacer lo correcto puede ser lo más apropiado
 Lo lúbrico sirve para superar apegos maternos
 Las novedades que trae el progreso son creativos, lúdicos, y dan de que hablar
 Y, sentirán, que una mujer y extranjera puede asumir su lucha; porque cuando no existen barreras entre los seres humanos, es posible conseguir la tal ansiada justicia.
Gertie, porque le sale del…de lo más de dentro, entrega su rocío jubiloso, al tiempo que se impregna, gota a gota, de los fluidos de la Irlanda más atávica.
Sudor, aliento, sangre, deseo húmedo, efluvios de miembro viril, alguna lágrima, el suspiro de quien no la poseyó y… semen, semen, semen, semen, semen, semen, semillas de continuidad de esencia irlandesa que prenderá, como una mancha de legía, en el pensamiento inglés.
La novia inglesa fecundada de Irlanda sobrevive. ¿De quién es la victoria?
Que Raimond Queneau publicara por 1ª vez con seudónimo de mujer permite, entre los múltiples rizos de la novela, un punto de vista de mujer.
Siempre somos demasiado buenos con las mujeres, en los labios de un hombre, puede ser también un agradecimiento lleno de complicidad hacia las mujeres que sabemos amar a nuestros hombres incluso cuando juegan a ser ridículos héroes.

Susana, 26 de Octubre de 2010